¿Clitorídeo o Vaginal?
| Según Freud, el orgasmo clitorídeo era sólo el resultado de una neurosis. | Según Kinsey y seguidores, cualquier orgasmo femenino resultaba de la estimulación del clítoris. | ||
| El sexo es algo más complejo que una simple estimulación de un grupo de nervios. | Tanto el orgasmo vaginal como el clitorídeo son realidades indiscutibles. | ||
| Nuestro programa no se aferra a ideas viejas sobre el orgasmo femenino, sino transmite realidades basadas sobre los estudios más recientes. | Después de haber aprendido todas las nociones y los ejercicios del programa, su visión del sexo no será más la misma. |
El gran debate sobre la teoría de los orgasmos: ¿orgasmo clitorídeo u orgasmo vaginal?
Parece increíble pero hasta el hecho de tener orgasmos ha sido causa de debates y teorías.
Las ideas freudianas sobre la sexualidad y el orgasmo femenino
Sigmund Freud (1856-1939), ha sido el primero en antagonizar el orgasmo clitorídeo con el vaginal. En su época y por varios lustros aún, toda la sexualidad femenina era relegada al antagonismo entre el "inmaduro" orgasmo del clítoris y el "maduro" (y presumiblemente más agradable) orgasmo vaginal. El mismo Freud en su Introducción general a la psicoanálisis (1920) afirmaba que las niñas pequeñas tenían inconscientemente envidia hacia el pene y querían tener uno. Creciendo, éstas asociaban el pene con el clítoris y - siempre inconcientemente - desarrollaban su sexualidad en la base de este "complejo del pene" - idea desviada que tenía que ser corregida psicoanalíticamente - dejando entender que, con el pasar de los años, algunas superaban el complejo desarrollando su sexualidad "madura" y "correcta", la vaginal. Las demás necesitaban tratamiento de psicoanálisis.
En 1927, Freud añadió que "la supresión de la sexualidad del clítoris es un requisito necesario para el desarrollo de la feminidad". Muchas de estas ideas de Freud han sido publicadas por libros médicos entre los años 1930 y 1950 como si fuesen realidades científicamente probadas. Otros escritores como Van de Velde o Chesser añadían a las ideas de Freud que no sólo una relación sexual y un orgasmo "correcto" eran posibles sólo por medio de un pene viril y viguroso, sino que alcanzar el orgasmo fuese hasta el objetivo del sexo. Y no es todo, para que una relación sexual pudiera considerarse "exitosa" era además necesario que el hombre y la mujer alcanzaran el orgasmo simultáneamente. Claro, todas estas teorías sobre las mujeres eran espetadas nada menos que por hombres y eran en definitiva el fruto de deseos masculinos. Es cierto que en esta misma época había también mujeres que escribían manuales sobre el matrimonio, pero todos estos manuales eran basados sobre las ideas de Freud.
Pues, resumiendo, la visión freudiana de la sexualidad femenina no hace otra cosa que reducir la sexualidad femenina a un único paradigma "correcto", como si la sexualidad, en vez de ser el resultado de un placer erótico recíproco fuera el puro frotar de un par de zonas erógenas. No sólo, según esta teoría, la mujer tenía el deber de responder mecánicamente a los caprichos orgásmicos masculinos, para no ser acusada de ser frígida, insensible, neurótica o infantil.
Con todo el respeto para Freud, ¿quien, en el siglo XXI sería aún dispuesto a creer que el placer clitorídeo sea sólo el resultado de una neurosis? Pronto se descubrió que tal teoría era muy restrictiva para describir el vasto universo de la sexualidad femenina y ya a partir de los años 50 ya estaban listas nuevas teorías, opuestas, pero no menos restrictivas que las teorías freudianas.
La teoría di Kinsey
En 1953, Alfred Kinsey y sus colegas hicieron un estudio sobre una muestra de más de 800 mujeres. El estudio consistía en acariciar o efectuar ligeras presiones sobre las paredes internas vaginales, en proximidad del útero y analizar las reacciones. No querendo tocar directamente las pacientes por escrúpulo de impersonalidad, se utilizó un instrumento pertinente. Resultó que la mayoría de las mujeres ni se percataban del contacto. El equipo concluyó que era imposible que una zona insensible al tacto pudiese ser erógena. De ahí nació un nuevo dogma no menos extremo del precedente, es decir que la única forma de placer sexual y orgasmo en una mujer consistía en la estimulación del clítoris.
A partir de este momento y durante más de 20 años prolificó la teoría del modelo clitorídeo, convinción que culminó con las teorías de Masters e Johnson (basadas sobre los errores de Kinsey), según las cuales todo el placer sexual femenino se reducía a la estimulación directa o indirecta del clítoris. Inútil decir que muchas obras que se consideran científica sostienen estas teorías aún hoy.
La situación moderna
Desde la década de 1980 se comprendió claramente que el sexo era algo más complejo que una simple estimulación de un grupo de nervios. Al mismo tiempo, se comprendió que las teorías anteriores, a pesar de tener algo de validez, eran incompletas para representar la sexualidad femenina. La teoría de Kinsey fue totalmente puesta de lado, gracias también al apoyo de los nuevos conocimientos científicos.
En fin de cuenta, no es necesario ser un científico para comprender que hay una diferencia abismal entre el toque frío de un dedo con guantes de médico en la vagina de una mujer probablemente nerviosa y el movimiento apasionado del pene del hombre en una vagina llena de deseo, empapada de humores y dilatada del placer. Además se conoce que las paredes vaginales no son sensibles a refregamientos suaves, sino a fuertes presiones. Pues, es también y sobretodo por esta razón que los experimentos de Kinsey dieron falsos resultados.
La respuesta sexual de una mujer se manifiesta en la participación de toda la persona y no se reduce a un triste "arriba / abajo" o a la "cosquillita clitorídea". A pesar de que el clítoris sea el único órgano humano que sirve únicamente para dar placer, el orgasmo depende de muchas otras cosas más, incluso del gérero de estimulación, ya que la vagina no se estimula de la misma forma que el clítoris.
Otra cosa que excluye la teoría del clítoris como única fuente de placer es la gran sensibilidad (¡prestáis atención, gente!) del útero. Sí, precisamente el útero. Efectivamente este órgano, y los ligamentos que los sostienen, están revestidon por un tejido que se llama peritoneo, que es uno de los tejidos más sensibles del cuerpo. Pues, la estimulación de esta zona mediante el pene no sólo provoca placer sexual, sino ayuda también a relajar los músculos internos de toda la zona baja abdominal, permitiendo una mayor excitación sexual y un mayor sentido de abandono durante el sexo. Queda cierto el hecho que la vagina es sensible sobretodo en sus partes externas y en los primeros dos tercios de su canal, pero eso no quita que la sensación de dilatación y de llenura total aportada por la penetración, junto a la estimulación del peritono, sean extremadamente placenteras y contribuyan al orgasmo, tanto que el orgasmo vaginal es una realidad distinta e indiscutible.
Nuestra posición con respecto a los orgasmos femeninos
Este programa no está amarrado ideas restrictivas sobre el orgasmo femenino. Al contrario, conocemos perfectamente las teorías pasadas y transmitimos las realidades basadas sobre los estudios y los conocimientos más modernos, sobre la gran riqueza de la sensibilidad sexual femenina. El programa contiene todas las informaciones útiles y todas las nociones más modernas para vivir una sexualidad en plenitud y crecer por lo tanto femenina, espiritual y sexualmente.




